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martes, 29 de septiembre de 2015

Mesiánica genialidad.

La idolatría mesiánica, tiene su versión moderna en la idolatría de la genialidad.
Si se hace una película, o un libro, no importa qué, donde se cuenta la vida de Einstein, y sólo se muestra su nacimiento y luego el momento en que descubre su Teoría de la Relatividad General, las peripecias por las que pasa cuando expone sus ideas, la burla, la descalificación, hasta que finalmente sus teorías se comprueban y obtiene un premio Nobel, se alimenta la idea de que Einstein era un genio, y que sólo una mente brillante como la de él puede llegar a un descubrimiento tan importante.
Pero se omite todo el proceso de preparación, de estudio, aprendizaje y observación por el que el “genio” pasó. Al omitir ese enorme trabajo y dedicación, instalamos la idea del “tocado por la varita mágica”... Pero es falso. Einstein no era un genio, sino que trabajó en su genialidad.

Pienso en Jesús. Pienso en cómo la iglesia ha contado su historia, haciendo creer que Jesús nació sabio. Hay una omisión, deliberada o no, de todo el proceso de trabajo por el que Jesús pasó en su vida. Hay teorías y supuestos al respecto, pero en la biblia, la que la gente puede leer y a través de la cual puede saber más de Jesús, hay poco, muy poco. Casi nada.

Con ello, se instaló la idea de que solamente Jesús podía saber lo que sabía, y con ello hubo campo para la idolatría, transformando a Jesús en un Dios encarnado que no puede ser discutido, ni objetado, ni mucho menos cuestionado.

¿Pero es posible que nosotros no podamos llegar a ver lo que él decía que había visto? ¿Realmente debemos conformarnos con escuchar hablar del Reino, tener fe en ello, creer en ello y nada más?
¿Qué hay oculto detrás de la instalación de la idea de que Jesús no era un hombre común?
¿Acaso eso nos impide llegar a la verdad, del mismo modo que idolatrar la genialidad, muchas veces impide la auto superación, tanto como fomenta la competencia por ser ídolo, o pastor de multitudes?

El secreto parece estar a la vista. Einstein en lo suyo, y Jesús en lo de él, ambos llegaron allí mediante la dedicación. No llegaron allí creyendo que no podían. LLegaron por medio de la indagación más seria y madura que un hombre puede hacer, que es confiar en que hay mucho por descubrir. No importa qué, porque no sabemos, sino ya sería un descubrimiento hecho, o una proyección de nuestras fantasías… El hecho es que hay un reino de cosas no percibidas por uno mismo, y la clave es no pensar que el descubrimiento hecho por otros es nuestro. A menos que uno pueda percibir la realidad que ese alguien observó, uno no tiene derecho a apropiarse de ello, y si percibe y descubre por uno mismo, entonces no se adueña. Lo pone a la vista para que otros puedan percibirlo.

Sin lugar a dudas, Jesús abarcaba el campo del conocimiento de uno mismo, en el sentido de observarse a uno mismo en la vida, en la relación, y de ahí encontrar qué cosa es uno en verdad. Separar lo falso de lo real, separar la creencia de la vivencia concreta, y entonces erradicar todo conflicto. Según comprendo, eso produce una clase de paz interior que nos permite encontrar lo eterno.

Tristemente, hoy el Papa está dedicado a la política, y no a la divulgación de lo eterno, porque lo eterno no lo han encontrado, sino que han perpetuado el pasado, lo han idolatrado y llaman a la tradición, lo eterno. No solo el Papa, claro. Todas las religiones.
Han engendrado conflicto y de ahí, la necesidad de hacer política para intentar mitigarlo, pero no podrán dar lo que no tienen, y dado que lo que no tienen es conocimiento de lo eterno, ni de sí mismos, divulgan reglas políticas, y no hechos inequívocos. No importa la caridad, ni si el lujo es mucho, o es menos lujoso. No importa si las palabras Paz, Solidaridad, Compasión, Misericordia, Amor,  Dios, son pronunciadas en cada discurso. Lo que importa es la idolatría es causa de conflicto, es ocasión de yerro, y cuando algo nos causa conflicto, debe ser comprendido y disuelto, no perpetuado e institucionalizado.

Pero no es lo que se hace. Se dice, si. Se lee en la biblia en cada sermón en cada templo. Si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de tí. En lugar de entender eso, idolatramos la frase y al que la dijo y se ha vuelto motivo de conflicto.
La mano derecha es sólo la metáfora de aquello que es falso y conflictivo, con uno mismo y la realidad.
Entonce toda idolatría debe terminar, o no habrá paz en los hombres, y por ende en el mundo. La idolatría a la juventud, a la riqueza, a la fama, al prestigio, al nombre propio, a la nacionalidad, a la religión, a lo que sea. Todo ello, debe terminar o de lo contrario, no podremos hallar lo nuevo, que es lo eterno siempre actual y en el presente...