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domingo, 22 de noviembre de 2015

El cambio interior.

Nada cambiará sino cambiamos nosotros, cada uno en su fuero íntimo.
La veda electoral no alcanza a las redes sociales, y muchos han continuado con la campaña, aprovechándose del vacío legal. Un cambio real, hubiera sido llamarse a silencio, aunque la ley no lo pida. 

Es que el cambio que necesitamos comienza por el Motu propio... No debemos matar, no porque la ley lo prohíba, sino porque tenemos la decisión íntima de respetar la vida. No debemos cruzar un semáforo en rojo, no por la ley, sino por respeto a uno mismo y a los demás.

Cambiará el gobierno, gane quien gane, pero no cambiará la sociedad, que es la suma de cada individuo. La cultura, tan poco comprendida y tergiversada como tantas otras cosas, consiste en cultivar según cada circunstancia la clase de acción recta y correcta que se adapta y mejora nuestra supervivencia y convivencia con el entorno.
Pero si somos rígidos y pretendemos hacer de la cultura una tradición, siempre estática, entraremos en conflicto con el presente en nombre del pasado, y ya lo deberíamos saber porque es lo que nos está pasando.
Sé, sin lugar a dudas, porque de hecho estoy siendo testigo, que aquellos que piden un cambio están mostrando su verdadera naturaleza y una vez más, hacen y harán todo aquello que han criticado. Ninguneo por ninguneo, insulto por insulto. Me atrevo a decir que se ha criticado el comportamiento de los otros, no por disgusto con ese comportamiento sino por no formar parte del lado dominante, y ahora que el dominio puede cambiar de lado, la misma moneda se prepara para ser devuelta. Muchos, de un lado y otro, utilizan la figura idolatrada del Papa (porque es Argentino y nada más) pero olvidan el principio más básico y trillado de nuestra cultura: "no hagáis a los otros lo que no deseáis que os hagan a vosotros mismos". Pero ahora debemos considerar no solamente no hacer lo que no nos gustan que nos hagan, sino ser el cambio que esperamos de los otros.

El tan tergiversado Karma es una ley universal tampoco comprendida, aunque muy de moda por los que aburridos de su creencia, adoptan otras más exóticas, sin siquiera comprender la propia y ver que ambas son la misma cosa. El ojo por ojo diente por diente, es el estado más animal del hombre, y no ha habido sabio en esta tierra que no nos haya dicho que el poder de frenar la rueda de las venganzas radica en el perdón.

El perdón, no es una mera disculpa, ni es un acto de grandeza o superioridad. El perdón no es algo que se da sólo si nos lo piden. El perdón, es un acto de comprensión y de compasión. ¿Pero cómo vamos a perdonar las ofensas recibidas, si estamos resentidos e impedidos de comprender al otro y por qué el otro actuó como actuó? No podremos comprender al otro jamás sin habernos comprendido a nosotros mismos primero. Porque el otro está diseñado exactamente igual que uno y su trasfondo psicológico es el mismo.

Pero mediante la auto comprensión uno puede descubrir qué es la pasión y la compasión, y cuando eso sucede, entonces uno puede detener la rueda del Talión o Karma. Comprenderse a uno mismo y comprender lo que en verdad las cosas son es una tarea intransferible. No sólo las palabras, sino lo que esas palabras en los hechos son realmente.

No hay virtud en la convicción desde el momento en que se puede estar convencido de un error o una falsedad. A su vez convencer significa vencer al otro en su postura, y en ello hay violencia mediante forzar al otro a ceder ante nuestras convicciones. Ejercer cualquier tipo de fuerza, siempre resulta en resistencia, y hay lucha y dolor.

No hay virtud en la pasión. La pasión es padecimiento. La palabra pasión, en los hechos significa padecer. Y padecemos por estar aferrados a aquellas cosas que nos gustan transformándolas en una lucha incansable por imponerlas, en nombre de Perón o de Alfonsín, Néstor o Cristina, Boca o River y a cambio obtenemos resistencia. Y si la pasión es padecer, la compasión es padecer con el otro aquello que el otro padece. La compasión no es lástima. La compasión no es caridad. La compasión es el reconocimiento absoluto de la igualdad del ser. Mi voz es baja, mi presencia silenciosa, pero sé que debemos reflexionar en ésto. Si no nos auto transformamos, si no cambiamos, no podremos lograr nada nuevo.

¿Y cómo lograremos auto transformarnos? Ciertamente no hay un método unívoco que pueda ser aplicado por todos y cada uno de nosotros, y comprender que no hay un método universal es parte del cambio que debemos hacer. De lo contrario, caeremos una y otra vez en forzar a otros a encajar en nuestro molde. Sin embargo, una cosa es universal. No se puede cambiar sin renuncia. Y la renuncia es libertad y es librarse de las ataduras. Debe renunciarse a aquello que nos impide cambiar, no importa lo que sea, si impide el cambio total no será un cambio, sino reforma, continuando con aquello mismo que en verdad nos ha dañado. No se puede dar un paso adelante sin renunciar al suelo bajo nuestros pies, y dado que hemos venido continuando el pasado, en verdad no hemos avanzado ni un solo paso.
La tecnología no es un verdadero avance de la humanidad, y cualquiera de nosotros, si lo observa atentamente, verá que somos los mismos desde hace milenios, con una piedra en la mano o con un teléfono celular mal llamado inteligente. Si lo observamos, veremos que somos violentos y vengativos, tanto ayer como hoy, pero con herramientas más sofisticadas para propagar nuestra violencia. Claro que hay algunas excepciones, pero no son la masa crítica y la humanidad es un todo, y no sólo unos cuantos individuos. Que otro esté libre de conflicto, no me hace libre a mí. Que otro haya cambiado, no me cambia a mi. Que otro coma, no saciará mi hambre.

Entonces, claramente uno debe ser el cambio. Debemos renunciar al orgullo que nos hace devolver la bofetada. Debemos renunciar a las auto justificaciones y a todos esos pensamientos que nos llevan a dar vueltas siempre sobre el mismo problema.

Ningún esclavo puede dar libertad, y si queremos dar libertad, primero debemos estar libres nosotros mismos de la esclavitud que nosotros mismos hemos creado. Si cada uno, en su fuero íntimo, es capaz de auto transformarse renunciando a darse continuidad mediante excusas y pensamientos como : “ a mi edad ya no puedo cambiar”, o “soy así por naturaleza (lo cual es falso en el 100% de los casos dado que construimos nuestra personalidad mediante elecciones conscientes o subconscientes)”, o “es la educación que recibí de mis padres, la sociedad, la escuela, la iglesia (o lo que sea)”, si cada uno es capaz de auto observarse y renunciar a todo el pasado, entonces habrá reconciliación, perdón, concordia y el conflicto terminará.

Y cuando no quede conflicto, recién ahí descubriremos qué es la paz. Mientras sigamos en conflicto interno y externo, la paz, al igual que todas las otras cosas, será una idea vaga, utópica, y tergiversada por aquellos que persisten en explotarnos para su propio beneficio, haciendo la guerra en nombre de la paz, sembrando discordia en nombre del amor, dividiendo en nombre de la unidad. El verdadero cambio debemos hacerlo nosotros, y al sumarnos siendo completamente nuevos, entonces daremos a luz a una sociedad que hasta hoy, es sólo para los libros de cuentos y el imaginario colectivo, pero que en los hechos no existe ni aquí ni en ningún lugar del mundo humano. Necesitamos renunciar al camino zigzagueante para poder ir por el camino recto y correcto.

¿Cambiemos o cambien? ¿Qué es lo que honestamente queremos?